miércoles, 2 de julio de 2014

Tartar de salmón



Un tartar es un plato donde se sirve algún tipo de pescado o de carne crudo aderezado con salsas y condimentos al gusto. Se puede pensar que es un plato japonés por aquello de servir los ingredientes sin que medie cocción alguna, pero es europeo. Hay quien piensa que viene de los tártaros, aunque parece que el origen de su nombre se debe más bien a la salsa tártara que se ha usado a menudo como condimento.

Sea como fuere, y aunque en casa somos muy de guisotes y comidas caseras, también nos encanta experimentar y, empezando por lo japonés y terminando por estas otras variantes, vease sushi, sashimi, carpaccio, tataki o tartar, en familia nos encanta comer "crudo". Tenéis que ver a mi peque de cuatro años cuando alguna vez preparamos el sushi. Nosotros que pensábamos que a los niños este tipo de platos no les gustaban y ella siempre pide y le encanta. 

En fin, hoy quería traer este tartar de salmón, que nos arregla una cenita en un momentito y que sale estupendo de verdad, sabrosísimo, sano y, para las fechas que entran, muy muy fresquito. A mi me pasa que se me apetece siempre. Me encanta el contraste de sabores que llena la cavidad de la boca y si por mí fuera, por lo menos dos veces en semana lo prepararía. Este y el de atún, muy parecido e igual de bueno.

¿Qué vamos a usar?

  • Un filete de salmón fresco. Para evitar el anisakis, lo compraremos fresco y lo congelaremos, sacándolo unas horas antes de usarlo. Esto garantiza que se elimina cualquier riesgo de contagio.
  • Un aguacate.
  • Un tomate.
  • Una cebolla fresca.
  • Cebollino.
  • Soja (seis cucharadas).
  • Miel de caña (una cucharada).
El procedimiento es sencillo ya que su naturaleza es parecida a la de una ensalada. Comenzaremos cortando en cuadradillos pequeños el tomate, el salmón y el aguacate.




Preparamos una vinagreta con la miel de caña y la soja y ponemos a macerar el salmón cortado durante 10 minutos, mientras vas cortando el resto de los ingredientes.

Una vez pasado este tiempo, emplatamos haciendo capas consecutivas de tomate, cebolla y salmón que se condimenta con un pellizco de cebollino picado.  Y voilà! Un plato fresco pero apetitoso, para comer con tenedor o palillos. ¿Te atreves o eres de los que si no pasa por la sartén no llega a tu estómago? Mira que pinta.










martes, 17 de junio de 2014

Pechugas de pollo con salsa de tomillo y alcaparras


Me encanta el sabor sutil que una buena especia o hierba aromática le da a un plato. Le cambia el "rollo". Por eso tengo un armario lleno en la cocina, porque si la comida es aburrida al menos intento darle un poco de juego con unas hierbitas. Sabor y color, esa es la función.

Pues esta es la historia también de este plato. Una pechuga de pollo que compras porque hay que "cuidarse" un poquito y porque no tienes mucho tiempo y eso a la plancha lo preparas en un momento y al menos te soluciona una comida. Pero ¡qué aburrida es la típica pechuga a la plancha!

¿Estas dispuést@ a dedicar a la cocina cinco minutos más? Solo cinco. Pues unas alcaparras y un poco de tomillo y ya tenemos un plato distinto, con un poco más de rock and roll, pero igual de ligero y sano.

¿Aceptas el reto? En tres pasos apenas te lo explico. Ya verás. Vamos a necesitar:

Pues comenzamos como si preparáramos las aburridas pechugas, jeje. Es decir, en una sartén con unas cucharadas de aceite pasamos a la plancha unas pechugas que previamente hemos salpimentado. Las marcamos unos minutos sin dejar que lleguen a dorarse.


Añadimos una cuchara de harina. Si la idea de las pechugas es intentar bajar peso podemos obviar este ingrediente que sólo nos va a servir de espesante para la salsa. Removemos un poco sin dejar que la harina se queme y regamos con caldo vegetal cubriendo las pechugas. 
Añadimos el tomillo y las alcaparras y esperamos a que el caldo reduzca a la mitad.


Si te gustan los sabores cítricos puedes añadir al caldo unas gotas de zumo de limón. A mi me gusta sin él ya que "mata" un poco el gusto de las alcaparras y el tomillo. 
La guarnición que suelo elegir para este plato es el arroz. Se complementa muy bien. En esta ocasión preparé además un arroz tipo salvaje y el resultado nos gustó muchísimo.
¿Has visto? Cinco minutos más como te dije y un proceso muy simple pero el plato es otro, mucho más apetecible.






jueves, 5 de junio de 2014

Gratin dauphinois con bacon



Qué ganas tenía de volver que he estado desaparecida… Cómo he echado de menos a mi Plato de loza, y aunque tenía varias recetas "cociéndose" me ha fallado el tiempo para preparar todos "los ingredientes" necesarios para subirlas a la red. Aquí estoy y con una de esas recetas exquisitas que hay que hacer de vez en cuando porque el paladar te lo está pidiendo… Este gratin es uno de esos platos que, cada cierto tiempo, vienen a tu memoria y no paras de repetir a ver cuando lo hacemos. Por eso, me gusta compartirlo, porque me gusta comerlo.

Lo llamo dauphinois aunque en realidad este no es el gratin dauphinois genuino, le falla el bacon que, según he leído, bajo ningún concepto se le puede poner si queremos llamar al plato como tal pero… Yo aprendí a hacerlo allí en Francia, durante mi estancia como "Erasmus" y lo hacían así con bacon en la cantina de la Universidad a la que iba y donde todos comíamos. A mi me encantaba porque, aunque es un plato graso, el sabor es muy muy agradable, así que años después sigo preparándolo en casa y sigue encantándome. Además, podemos ponerlo como plato único, pero es perfecto como guarnición y no es nada complicado de hacer aunque sí requiere tiempo.

El plato proviene de los Alpes franceses, pero según se condimente hay otras versiones de otros lugares. Lo básico es cocinar al horno las patatas cociéndolas en leche o nata y gratinarlas al horno. Además, su sabor es delicado pero gusta tanto a los niños como a los mayores.

Vamos con el plato. Sus ingredientes son de lo más básico, seguro que tienes todos en la despensa.


Esta receta la preparamos en tres fases:
- Preparación de los ingredientes.
- Elaboración del plato.
- Coción.

Como todas, supongo, jaja. En realidad, me refiero a que cada una de las tres fases tienen que estar terminadas para pasar a la siguiente. No podemos preparar ingredientes mientras se están cociendo otros como en un guiso, por ejemplo…

Empezamos, por tanto, a preparar los ingredientes.


El fondo de la fuente que vayamos a utilizar debemos untarlo con ajo. Como mi cazuela era de cerámica y por tanto demasiado plana y lisa, yo utilice un prensador de ajos y preparé la base con el ajo prensado. 


Mezclamos la nata con pimienta (molida en el momento si es posible), nuez moscada y un poco de sal.


Cortamos cuatro o cinco lonchas de bacon en tiritas.


Pelamos las patatas y las cortamos en rodajas muy finas. Si queremos reducir el tiempo de cocción podemos pocharlas un poco en aceite antes de proceder a elaborar el plato, yo preferí no hacerlo para no añadirle aún más elementos grasos.


Por último, hay que tener a mano el queso que utilizaremos para gratinar y hay que ir precalentando el horno a 200º.

Comenzamos la elaboración. Se trata de hacer capas con los distintos ingredientes en la fuente elegida que debe ser apta para soportar las temperaturas del horno. Primero echaremos una capa de nata sobre el ajo.

Seguimos con una capa de patatas y un poco más de nata por encima.



Añadimos ahora un buen puñado de bacon. Si nos gusta mucho el queso podemos echarle queso también. Yo lo utilicé sólo para gratinar la capa superior pero quizás añada un toque de cremosidad si lo añadimos también junto al bacon.


Seguimos con una capa de patatas, otra de nata y otra de bacon sucesivamente hasta terminar con estos ingredientes. La última capa debe ser de nata.




Finalmente, añadimos el queso e introducimos en el horno durante 40 minutos. Pasado este tiempo, pincharemos para comprobar que las patatas estén tiernas y, si es así, nuestro Gratin estará listo para disfrutarlo. Ya digo, como plato único o como guarnición es una delicia. ¿Qué os parece la pinta?