martes, 23 de septiembre de 2014

Corvina con gambas


Esta receta es todo un descubrimiento, de verdad. Un platazo. En casa, al menos, ha encantado y lo mejor es que, excepto que quizá es algo más caro de lo que suelo traer normalmente, tiene todo lo que nos gusta en el blog: muy fácil, exquisito, resultón y cocina de verdad, de mercado y producto, como esta de moda decir. Cocina de siempre que, con un poco de mimo, convierte los ingredientes con los que nos cruzamos todos los días en bocados exquisitos. Y lo del precio, pues por las gambas y el tipo de pescado, pero tampoco estamos en una de estas cosas inalcanzables… algo medio, vamos. No son lentejas (que están muy buenas, por cierto) pero tampoco percebes (que también lo están, para que vamos a engañarnos).

En fin, que este plato me ha emocionado y muy mal se tiene que poner la cosa para que no me luzca con él en el próximo evento o celebración que se ponga por delante… Y que se vaya preparando la familia para las Navidades, jeje.  Que la corvina con gambas es para lucirse.

Pues os cuento que estaba yo en uno de esos supermercados en los que a partir de cierta hora bajan el precio a los productos perecederos del día (vamos, Mercadona). El pescadero empezó a hablar de la corvina, que la ponía a 6 euros y mi mente dijo, ummmm. Y la miré. Eran unos tres kilos de corvina así que me dije "no, eso es demasiado grande para nosotros".

El pescadero siguió y dijo, el que se la lleve entera se la pongo a 10 euros. Y mi mente empezó a pensar en como cocinarla, con gambas a la marinera seguro, pero tendré que hacer dos platos… miraré en mis libros de la la cocina de Huelva y marinera que allí hay algo seguro. E internet. Siempre Internet.

Y entonces fue cuando oí… ¿has visto la corvina? es un poco grande, pero… y ya no hubo vuelta atrás, jeje. Pa dos platos ha dado, y este el primero… y el que más nos ha gustado.

La receta que triunfó la encontré en internet, en el Canal Cocina, aunque la varié un poquito. Esta es la original: corvina con langostinos. Y así la hice yo.

Ingredientes:

Comenzamos pelando las gambas, reservando tanto las colas como las cáscaras y cabezas.


En un cazo al fuego, ponemos las cabezas y las cáscaras, con dos dientes de ajo, sal y pimienta. Lo sofreímos unos minutos hasta que cambien de color.


Es este momento, vertemos el vasito de brandy y flambeamos para reducir el alcohol durante unos 30 segundos. Dejamos reducir un minuto más al fuego y lo apagamos.



Aplastamos un poco el resultado con una cuchara de madera para extraer el jugo y colamos separando el caldito (que es lo que queremos) del resto, que desechamos. Esta reducción de gambas da muchísimo juego. Cuando la probé se me ocurrieron una cantidad de aplicaciones que no os extrañe que empecemos próximamente otro plato con el mismo procedimiento.


Volvemos al fuego y le añadimos a este caldo, las cucharadas de tomate, el caldo de pescado y sal si hiciera falta. Reducimos unos minutos, teniendo en cuenta que cinco minutos antes de retirar del fuego le añadiremos las gambas.


Pues queda pasar el pescado salpimentado por la plancha y, cuando esté listo regarlos con esta magnífica salsa de gambas que, como he dicho antes, ha sido todo un descubrimiento. Supongo que otro tipo de pescado (merluza, por ejemplo) admitiría también este caldo, es cuestión de ir probando según nuestros gustos.

Lo dicho, 100% recomendable.












jueves, 4 de septiembre de 2014

Mojo onubense




Llevo un tiempo calladita porque, merecidas o no, he estado de vacaciones y aunque algunos piensen en ellas como un tiempo de relax, al final hay tantas cosas que hacer y se programan tantas actividades que resulta difícil encontrar tiempo para nada. Ahora que ya se han terminado, podré descansar y retomar la actividad bloguera, qué ganas tengo. De verdad, he echado de menos este "trabajito" que me he encomendado, jeje.

El verano en la cocina si que da juego… aunque luego lo que apetezca es cocinar poco y salir mucho. Pero así también se aprende. Que comes cosas que luego copias en casa y que, si gustan, se quedan. Pues este mojo viene a ser una de estos casos. Es un plato que en la familia solemos pedir siempre un bar que frecuentamos en Huelva, La Bodega, en la esquina del Paseo de la Independencia con la Plaza de la Merced. Un lugar donde degustar algunos platos típicos y productos de la sierra, con una mención especial a sus montaditos que preparan en pan de pueblo tostado. En fin, a lo que voy, que entre los platos de su carta se encuentra un picadillo de culantro que me encanta y del que he realizado mi versión particular que hoy traigo a este blog renombrado como Mojo onubense.

Un plato fresquito que sirve de acompañamiento, de guarnición o que untado en un pan ofrece un pincho maravilloso. Un plato light para los que se preocupan de aquel tema pero sabroso y con mucho sabor a Huelva por aquello del culantro, que está muy presente. Vamos, que lo preparamos en un momentito y lo metemos en el frigo para comerlo bien frío.

Necesitamos:

Pues la preparación, como una ensalada sólo que todo muy picadillo para conseguir ese aspecto de mojo que quiero darle. El tomate, en gran cantidad, lo he rallado para que quede más bien líquido. 


La cebolla muy picadita.


Un buen puñado de culantro picadillo que es lo que más sabor le va a dar.



Dos o tres lomos de melva en lata desmigados.


Lo unimos todo, aliñamos al gusto con un poco de aceite de oliva, vinagre de vino tinto y un poco de sal. Y frigorífico.



Pues así empiezo "el curso", con este mojo propio de vacaciones estivales. Retomo la actividad con ganas… nos vemos, por tanto, muy pronto que no quiero que se me pase el verano sin haber apuntado algunas cositas que me encanta comer en esta época.


martes, 22 de julio de 2014

Calamares rellenos


Esta receta que os cuento es otra de esas a las que tengo un especial afecto por su procedencia y, bueno, también porque salen buenísimos. Ya os hablé de la "tata" en las alitas de pollo a la tata Juana, del cariño que en casa se le tiene y, ¿cómo no?, de su mano especial para la cocina. Este es otro de sus platos estrellas. Los calamares rellenos (de calamares, como yo siempre apostillo) son un clásico en Navidad y cada año se ha venido superando.

Ella elige los calamares más propicios para tal evento. Unos ejemplares grandes pero con sabor.  Nosotros, como nos gustan tanto, los preparamos de vez en cuando. Antes para celebraciones, ahora con cualquier excusa… porque los encontramos con un buen tamaño en la pescadería y nos animamos.

Tienen su proceso, pero a mi, que me gusta la cocina, no me pesa, y luego lo agradecemos todos. Tardaban en llegar al blog, así que aquí vamos. Necesitaremos:


Para los calamares y su relleno:
  • Dos calamares grandecitos. 
  • Unos 150 gramos de pan rallado.
  • Un huevo.
  • Perejil.
  • Dos ajos picados.
  • Sal.
  • Harina
  • Aceite
Para la salsa donde los cocinaremos:
  • Una cebolla.
  • Un ajo picado.
  • Un vaso de vino blanco.
  • Cinco o seis granos de pimienta.
  • Una hoja de laurel.

Lo primero que haremos es limpiar bien los calamares, separando los "rejos" del cuerpo. Los tentáculos y patas los picamos bastante pues formarán parte del relleno y al cuerpo le daremos la vuelta, es decir, el interior de la bolsa será nuestra parte exterior. De esta forma ayudamos a que aguanten más y que no se rajen en el momento de la cocción.

En un bol mezclamos bien los ingredientes para el relleno, es decir, los tentáculos picados del calamar, el huevo, el ajo, el perejil y un poco de sal. Le vamos añadiendo pan rallado hasta que tengamos una masa consistente pero no muy "sequerona".

¡Mi huevo era de dos yemas!

Esta mezcla la introducimos en el calamar y lo cerramos con un palillo de dientes. Es importante rellenarlos sólo hasta la mitad más o menos porque en el momento que lo pongamos en el fuego el relleno se bufará y corremos el riesgo de que se salga o rompa el calamar. Si nos sobra relleno yo lo suelo echar luego en la salsa.

Vale, no tenía palillos de dientes y esos palos son de brochetas :S jaja
Así, pasamos los calamares por harina y los sofreímos en aceite caliente durante unos minutos  hasta que se doren un poquito, sin quemarse.



Es el momento de preparar la salsa. Se pueden probar varias. Yo suelo preparar una muy sencilla picando finamente una cebolla y un par de ajos y poniéndolos a sofreír. Cuando estén doraditos, añado el vino, los calamares, el laurel, la pimienta y sal. Dejo reducir el vino y añado un poco de agua y los dejo a fuego medio durante 40 minutos.


Y además que salen exquisitos, va y me hacen estas fotos ¿quién se resiste?